El encanto de la riviera francesa.
Enclavada junto a la Duna de Pilat, la más alta de Europa, esta vivienda pedía una conexión sincera con el entorno. El reto era lograr que cada rincón —dentro y fuera— respirara el mismo aire que la naturaleza que la rodea: calma, autenticidad y belleza en estado puro.
El jardín, poblado de árboles majestuosos, se reorganizó para encontrar el equilibrio entre lo salvaje y lo habitable. Así, entre las zonas frondosas emergen espacios abiertos de césped pensados para disfrutar del paisaje y del tiempo al aire libre.
La madera, protagonista del exterior, se convirtió en hilo conductor del proyecto. La teca, elegida para el perímetro de la piscina y las escaleras, aporta continuidad, textura y durabilidad, además de una agradable sensación bajo los pies. Su tono cálido dialoga con el entorno y refuerza la serenidad que se respira en toda la casa.
En el interior, la vida se organiza en un gran espacio abierto donde el salón, la cocina y el comedor comparten luz y vistas. Las vigas blancas enmarcan la estancia y contrastan suavemente con los tonos arena de las paredes, evocando la arena de la duna cercana.
Los materiales naturales —madera, piel, ratán— y la paleta terrosa mantienen el vínculo con el entorno y completan la atmósfera, envolviendo la casa en una sensación de calma y coherencia con el paisaje.
El resultado es una vivienda que se funde con su entorno, donde cada detalle invita a disfrutar del paso del tiempo con la misma serenidad que el mar y el bosque que la rodean.





